Martínez Bellido Sam Wright del 23 de septiembre al 03 de diciembre de 2016

 


 

Nota de prensa

Correspondencias verticales

Llevo toda la vida buscando realidades que me abrieran posibilidades de desplegar mis recursos para construir una historia, y sé, desde hace tiempo, que solo a través del arte actual podemos llegar a reflexionar sobre una propuesta acotada, poniendo en ella todo aquello que en ese momento somos, los recursos que tenemos en la mochila, y expandirnos para discernir aquello que deseamos o de lo que nos vemos capaces, obligándonos, incluso, a poner a prueba nuestro propio ingenio para resolver el asunto que tenemos en frente de nosotros mismos.

La exactitud que permite la fotografía, vincula a su contenido con conceptos como descripción, narración o representación, y eso es una realidad incuestionable, más aún cuando las instantáneas de las que hablamos, datan del primer cuarto del siglo XX, valor que la aleja de cualquier programa informático de edición, pero, no en esencia, del manejo humano. Martínez Bellido (Cádiz, 1992) manipula las imágenes que constituyen esta exposición para abrir un campo al imaginario desprovisto de la identidad del protagonista y del artífice para mostrarnos un espacio espectral y virgen que espera, más que la lectura del espectador, su propia reescritura.

Esta es - o, mejor dicho, fue- la historia de Sam Wright, el álbum de un individuo que existió y cuya presencia ha quedado subrogada por el artista a sus propios momentos, actuando éste como un mago capaz de construir con su propia sensibilidad una realidad paralela. En las imágenes, existen analogías que son más elocuentes como significantes, que por sus propios significados, pero que, en cualquier caso, establecen principios de esquemas, socialmente construidos que funcionan limpiamente como productos mentales. Corresponder(se) es el acto de relacionar, de buscar sentidos equivalentes. La verticalidad alude a la firmeza y convicción férrea acerca de lo que visiblemente nos rodea, hablamos de realidades e identidades que son descartadas en favor de los estímulos. Una forma de revisar las propias circunstancias del hombre.

El artista actúa como intermediario entre la naturaleza y el hombre ofreciendo una visión idealista del mundo. Lo natural y lo supra-real como un oxímoron personal creado para obligarnos a descifrar los signos de una representación oculta de los conceptos vinculados a las circunstancias. Aquí se pierde el elemento principal, el elemento clave, dando a la imagen un sentido totalmente diferente, casi fantasmagórico, que invita a profundizar más si cabe, en su propia idea.

Vemos en la fotografía lo que realmente somos, a partir de la ausencia del hombre, y con ello, una especie de apertura al delirio que encuentra vínculo y apoyo entre sí por la presencia de un elemento omnipresente: el agua. Tenemos el tiempo y el lugar para construir nuestro propio mundo a través del de las experiencias ajenas.

Cuando lo espiritual permanece en una realidad misteriosa, global, fugaz e indistinta, la imagen gana en proximidad, intimidad y elocuencia, se desmontan las previas historias sobre las que habían sido creadas, y se le da solidez al tiempo por excelencia de la imagen líquida. Se abre el campo de la función existencial que encierra al hombre en sus límites tangibles y revisados. Hemos iniciado un viaje atemporal. Al fin y al cabo, se trata de eso: reinterpretar la memoria.

Patricia Bueno del Río