Oskar Ranz Proceso y contemplación del 14 de enero al 10 de noviembre de 2007

 


 

Nota de prensa

PROCESO Y CONTEMPLACIÓN
Roberto Castrillo Soto

A lo largo de su trayectoria creativa Óskar Ranz ha venido explorando de forma sistemática y elocuente la naturaleza conceptual y las posibilidades expresivas de los recursos materiales y compositivos de la pintura. Desde la acumulación de capas pictóricas al despiece de las mismas hasta llegar a la construcción de entramados de líneas de color, su trabajo ha mantenido siempre una coherencia fundamentada en la comprensión del cuadro como una superficie bidimensional global sobre la que se desarrollan los acontecimientos, no concretos sino abstractos tanto en su origen psíquico como en su materialización. A partir de este concepto del medio, la obra resultante posee completa autonomía como objeto de contemplación; pero, a su vez, se muestra como un indicio en el que se hallan sedimentadas las huellas del proceso creativo del que es consecuencia. Dos dimensiones temporales son equilibradas por el autor: la extendida a partir de su génesis y la contemplativa de la fijación objetual.

Desde estas mismas convicciones Óskar Ranz abordó en 2005 el proyecto de intervención sobre un depósito de agua en la localidad leonesa de Bercianos del Real Camino, sede del Centro de Operaciones El Apeadero. Definido con el título Tránsito, residuo y proceso, consistió en el pegado y arrancado de cartelería sobre la superficie del edificio poligonal, en una intervención realizada en diversas fases. El trabajo de taller del pintor adquiría un carácter colectivo y casi industrial tanto por el espacio abordado como por el material utilizado. Situado en un contexto de devenir físico y espiritual junto al Camino de Santiago, la obra propone un tránsito artístico entre arquitectura y pintura: una arquitectura pintada pero también una pintura arquitectónica. Un trabajo más cercano de lo que en un primer momento pudiera parecer al concepto plástico del autor: su pintura es fundamentalmente construcción, ordenación de partes que surgen del ámbito impreciso de la sensibilidad. Del mismo modo, un edificio estandarizado se convierte en soporte ordenador de dicha actividad sensible. El tránsito que representa esta nueva estructura plástica tiene además otra lectura: la inserción en el medio rural de una imagen mural característica de las ciudades. Pero a diferencia de lo que ocurre en estos espacios urbanos residuales, empleando su metódico sistema de trabajo el autor obtiene una imagen uniforme y armónica de lo que pudiera parecer un desarrollo azaroso. El resultado vuelve a ser, como en la pintura, profundamente contemplativo.

La última fase de este proyecto ha consistido en fotografiar fragmentos de la intervención mural. El artista siente la necesidad de fijar en la bidimensionalidad el espacio tridimensional originario. Se trata de volver a velar un proceso que se había hecho explícito. A partir de una observación a posteriori ha llevado a cabo un fotografiado de fragmentos que van más allá de la simple documentación del proyecto. La fotografía se convierte en acción pictórica mediante un trabajo de selección que contribuye a expandir y detallar el marco contemplativo de la obra original, pero que a su vez construye objetos autónomos en su expresividad plástica al poseer la capacidad de funcionar descontextualizados. Pintura, arquitectura, fotografía. Óskar Ranz transita a través de diferentes recursos pero siempre a partir de la necesidad de equilibrar el desarrollo temporal del proceso con los sedimentos finales del mismo.