Iván Pérez Warshow del 30 de marzo al 26 de mayo de 2007

 


 

Nota de prensa

Vuelve el asturiano Iván Pérez (Tineo, 1973) a hacernos reflexionar con las imágenes de esta nueva exposición, la tercera en Galería JM tras sus proyectos anteriores Producto Interior bruto (2001) y Prehistoria (2003). Movido habitualmente por investigaciones en torno a la representación de la realidad cotidiana, sobre la que ha realizado una lectura crítica de aspectos sociales que a menudo pasan desapercibidos, lo hace en esta ocasión animado por la intención de llevarnos a descubrir la distancia existente entre el espectador y la representación o el espectáculo.

Los museos de la guerra, objeto preferente de las nuevas investigaciones de Iván Pérez, abundan en Europa Central y el Reino Unido con el fin de recrear acciones bélicas de su historia y mostrar todo el arsenal destructivo en forma de objetos impactantes reciclados como obras de arte. Más allá de los desastres y la sangre, estos museos, que nos presentan de forma didáctica y divertida el horror como espectáculo, son concebidos como espacios de gran consumo visual. 

De este modo, Iván Pérez nos propone un recorrido turístico por una docena de museos y memoriales de guerra (Serie Warshow) de Holanda y el Reino Unido; y por otros tantos Museos de Ciencia y Naturaleza de Bélgica, Holanda y el Reino Unido (Serie Paisajes para un animal muerto). Su mirada furtiva disecciona la realidad mediante una serie de imágenes impactantes para posicionarnos ante el observador y transformarnos en partícipes del consumo y la expectación. Una sala de torpedos de un submarino, un frondoso parque natural o un gigantesco objeto cubierto con una gran tela y enmarcado en un escenario de la vida cotidiana son los elementos que el artista presenta en tres fotografías de gran formato para iniciar el  recorrido expositivo desde un enfrentamiento entre la realidad, el simulacro y la representación.

La mesa y la silla de un escolar con dibujos grabados de rifles, flores y  tanques o el vídeo “Miguel” donde se ve a un joven solitario de frente, con mirada firme, quieto, expectante ante una serie de acontecimientos artificiales que suceden tras él nos introducen en un ambiente de inquietud, incertidumbre y ambigüedad, y nos revelan los aspectos más crueles e insólitos de la condición humana. Nos asombramos ante el pasado reciente de la guerra y el poder de destrucción del hombre contra sí mismo, tocamos los cañones antiaéreos o los carros de combate como se tocan en un zoológico las vitrinas de la jaula de los cocodrilos y observamos una nueva raza de máquinas dormidas, casi inservibles, que constituyen el patrimonio industrial del desastre.

Iván Pérez se ha formado en el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York, la Escuela Aki de Bellas Artes (Holanda) y en la Universidad de Castilla La Mancha (España). Su trabajo ha sido ampliamente mostrado en exposiciones individuales y colectivas y en festivales de vídeo en España, Holanda y Estados Unidos.  

Estado de excepción

Juan Francisco Ferré

La guerra permanente es el espectáculo y el espectáculo es la guerra permanente por otros medios. Miguel se asombra de lo fácil que resulta al principio subirse a esta banal atracción de feria. Es la gran maquinaria del mundo, se dice. La plataforma de la fama, piensa. El puesto de vigilancia del espectador sobre una realidad traumática, intuye. Miguel había oído hablar de lo que se experimenta ahí subido, girando a cada vez más velocidad hasta que el vértigo se vuelve placer y el placer náusea y la náusea una forma anticuada de conocimiento. Pero no esperaba esto.

Primero están las imágenes que atacan el cerebro como metralla, explica Miguel, imágenes de museos que celebran el horror y la guerra. La maquinaria bélica expuesta a los ojos de quien quiera descubrir a qué se parece un arma cuando nadie la utiliza contra nadie en apariencia, qué fines cumple esta chatarra letal estando allí inmóvil, expuesta, desnuda ante la mirada de los extraños que la observan con maléfica curiosidad, tan obscena ahora como un porno en un canal mayoritario, piensa Miguel imperturbable por los aplausos o las detonaciones, o este zoológico visitado por familias enteras, como si la visión de animales encerrados en jaulas de cristal no fuera igualmente espantosa que un campo de concentración.

La guerra es una categoría de la realidad, te anuncian al entrar en esta feria de la falsedad. Todo está en guerra con todo, repite la propaganda. Miguel no puede creer que desde su atalaya pueda contemplar un espectáculo como éste repitiéndose en todas partes. Como un actor más, Miguel persiste en este estado de excepcional impasibilidad, en mitad de los aplausos y las risas, mientras a su espalda las explosiones y los cohetes no se sabe si lo celebran a él como espectador, o es el espectáculo celebrándose a sí mismo como estado de excepción permanente.

Querría bajarse enseguida, pero seguir mirando es el precio impuesto por el perverso mecanismo a cambio de la fama. La fama y la infamia son conceptos que quizá se confundan en la cabeza de Miguel (no en la de Iván, Iván Pérez, el artificiero de las imágenes) ahora que la máquina de la popularidad ilimitada ha comenzado a mostrarle el paisaje en ruinas, antes y después de la batalla. La guerra total, piensa antes de desaparecer, está todavía por venir. En todos los frentes. Es inevitable.