Carlos Schwartz Más Luz del 16 de noviembre del 2006 al 13 de enero de 2007

 


 

Nota de prensa

En esta muestra de la Galería JM el espectador encontrará un conjunto de obras recientes de Carlos Schwartz (La Laguna, Tenerife, 1966) compuesto por instalaciones, objetos, dibujos preparatorios y pinturas. Una propuesta marcada por el assamblage y la tridimensionalidad y con la que el artista canario trata de desentrañar las relaciones entre la luz que ilumina los objetos y el espacio en que se colocan.

Apasionado lector de los tratados de simbología y amante de la emblemática, alianza de palabra y cosa, de significante y objeto pintado, Carlos Schwartz viene defendiendo desde los inicios de su trayectoria artística a finales de los 80 una muy personal recuperación de los lenguajes simbólicos. Bajo la aspiración de que la pintura nos abra las puertas del mundo cifrado de los mitos de la cultura occidental, muestras anteriores, como la presentada en la galería JM en 2003, se inspiraban en Fausto, Orfeo, Narciso, la Naturaleza o las tradiciones bíblicas. Trabajando el símbolo desde su capacidad para la relación intertextual -con la música, la poesía, la arquitectura o la religión-,

los lienzos de Schwartz fueron haciéndose más complejos y conceptuales con la incorporación de diversos materiales. El uso de papel pintado, cartón, fotografías trucadas, alambre, elementos de la naturaleza como el barro, etc. desembocó en la confrontación de objetos y pinturas en el espacio expositivo y la realización de instalaciones. Casi al tiempo que se gestaba en Alemania la exposición “Light art from artificial light”, referencias en el arte contemporáneo más reciente al trabajo de artistas que ya a mediados del siglo XX se inspiraban en la luz, los colores y el movimiento, las vibrantes muestras de Schwartz desde 2005 están salpicadas de palabras escritas con neón apropiadas de los letreros luminosos del espacio urbano; bombillas como si fuesen frutos de plantas; tubos fluorescentes como vectores de fuerza… La luz ha cobrado especial importancia en su trabajo como argumento y como material, se trata de una indagación sobre la luz como símbolo y como signo y del cuestionamiento de algunos temas relacionados con ésta y el espacio: la cotidianeidad, el paisaje o la permanencia. Con Más luz, Schwartz amplia la línea de investigación iniciada en exposiciones anteriores que reflexionaban en torno a la luz inútil y derrochada. La mencionada exposición del ZKM|Museum de Karlsruhe mostró el modo en que la electrificación del mundo inspiró a diferentes grupos artísticos - Futurismo, Constructivismo, Bauhaus, Op art-, la evolución de la representación ilusionaria de la luz natural hacia el uso verdadero de la luz artificial y su consolidación en un medio independiente: el arte luz. A partir de que Heinrich Hertz probara experimentalmente en 1889 que las señales eléctricas pueden viajar a través del aire libre, que se reproducen exactamente como ondas ópticas y tienen la misma velocidad, se establece una relación verdadera y simbólica entre la luz y la electricidad, tal y como ha entendido Schwartz en su propuesta. El espectador encontrará muebles y objetos rescatados de mercadillos de Madrid y Berlín a los que ensambla elementos luminosos y material eléctrico. Aparentemente objetos de desecho (Más luz, 2006, Con Cristo, 2006), éstos al formar parte de estas piezas de exposición establecen una nueva relación con lo cotidiano, lo doméstico y banal. Bajo el común denominador del uso de elementos de luz eléctrica, este conjunto de obras van más allá de la tradicional idea del object trouvé surrealista para investigar, en el contexto de la muestra, la relación de la luz con la obra a través de la palabra (Ya, 2006), el espacio y el medio cotidiano (Vector, 2006).

Carlos Schwartz (La Laguna, Tenerife, 1966) vive y trabaja entre España y Alemania, donde actualmente participa en Umwandlung, Berlin, una muestra en la que diferentes artistas reflexionan acerca de su conexión con esta ciudad alemana en continuo proceso de cambio. Entre sus últimas muestras individuales podemos destacar: Velando la verdad, Marruecos, Fez, Tánger, Tetuán, Rabat y Casablanca (2004), Trabajos de Luz, Galería Fúcares, Madrid (2005) y Tras la luz, Galería Fúcares, Almagro (2006).

Dar a luz (artificial)

Luis Puelles Romero

Más luz es una reunión de alumbramientos. En cada una de estas piezas se alumbra un mundo artificial del mismo modo que la historia del arte fue durante siglos la iluminación de un mundo natural mediante la realización de una copia, un reflejo, una reproducción. (La historia del arte mimético es la historia de la luz natural porque es la historia de un arte de subordinación a las leyes de Dios. La culminación moderna de la muerte de Dios es el triunfo –técnico- de la luz artificial y del arte abstracto o ateo: ahí empieza la contemporaneidad). Estas obras de Carlos Schwartz son orígenes de mundos artificiales por definir, por significar, por determinar. Y es esta imprecisión la que les otorga un fuerte valor poético: la fragilidad material de estas obras soportan el peso de lo que podríamos llamar una poderosa fragilidad de definición. Porque son mundos nacientes, estas pequeñas configuraciones son mundos indefinidos y sugerentes. Porque estas obras buscan dar a luz (crear configuraciones o mundos), evitan precisar su sentido. Cuanto hay en ellas de cosmogonías es cuanto no hay en ellas de cosmologías.         

La historia occidental de las ideas estéticas incorpora importantes capítulos dedicados a la luz. El primero, entre el último helenismo y las incipientes estéticas metafísicas medievales, surge como reacción a los geometrismos de procedencia pitagórica reconociendo que, más allá de las formas perfectas y las medidas exactas, hay en la naturaleza de la luz una poética del acogimiento y el recogimiento; que, además de iluminar con la razón –desde el exterior a lo ya existente-, la luz es energía que acoge y alumbra, que fertiliza mundos. Estas obras de Carlos Schwartz, pertenecientes a este extenso linaje que hace de la luz un principio de creación (frente al que hace de ella un principio de razón), pueden ser tomadas como interesantes ars poeticas: alegorías de la creación artística –artificial- y metáforas de cómo todos los mundos de la contemporaneidad reposan en la contingencia de la artificialidad. Carlos Schwartz da a luz las palabras y las cosas, alumbra sin cese lo que dejó de permanecer iluminado. Estas piezas son sutiles nacimientos sostenidos en el titubeo y la imprecisión. Están en el momento de lo tenue, de lo todavía sin suficiente claridad pero ya sin la plena oscuridad. De ahí cuanto tienen de inaprehensibles estas luces eléctricas que no sólo no pueden asirse por la simple razón de su intactilidad sino que, por su estricta artificialidad, se nos descubren ajenas y por tanto sagradas. La luz no se toca y tampoco se coge  para que el mundo nazca ante nuestros ojos y no entre nuestros dedos. Lo mejor es cómo estas obras se hacen sagradas no dejándose tocar.

La sacralidad del artificio o el último Prometeo.