S.O.S. Symphony del 23 de enero al 05 de noviembre de 2005

 


 

Nota de prensa

S.O.S. Symphony plantea una revisión contemporánea de la temática de la muerte (Tanatos), en su representación escultórica. Alude a la desaparición del ser físico, a la trascendencia del cuerpo y a la fatalidad de la muerte.

Al igual que en anteriores proyectos, S.O.S. Symphony ha tenido como entorno protagonista: el agua, con toda la carga símbólica que esta conlleva. El reflejo, la metáfora del espejo, el mundo de las ideas, lo inmaterial, lo cambiante y las alusiones al mundo de lo intangible.
La exposición se estructura en dos espacios diferenciados.

Un primer espacio, regular y estructurado, situado en el nivel superior de la galería, compuesto de una pieza que, a modo de escultura acústica, reproduce una sinfonía retórica construida con el grito de un pequeño roedor situado en el centro de la sala. Esta rata aparece iluminada puntualmente dentro de un espacio totalmente oscuro. El roedor se levanta hacia un micrófono, que colgado desde el techo, aumenta su grito y lo proyecta al conjunto de la estancia. Las paredes aparecen “decoradas” con ságomas óseas que ornamentan, mediante el claroscuro de la sombra y una gama tonal muy cercana al negro.
En el segundo espacio, en la planta inferior, con dimensiones mayores al anterior y, en este caso, de proporciones irregulares y techos bajos, se disponen dibujos de gran formato (200x100cm), recomponiendo el lugar, reconstruyéndolo y funcionando como conjunto unitario. Estos dibujos representan figuras atrapadas, que podríamos entender como espejos estáticos de las presencias que encierran. Se trata de gestos dolidos, congelados. Sus imágenes (fantasmas) son una “Oda a Tanatos”, un último reflejo de su presencia inerte. El principio de su fin.

Las actitudes de los personajes representados encierran expresiones decaídas y tristes. Enfocan sus miradas hacia otros dibujos colocados en horizontal elevados ligeramente sobre el suelo de la sala. Sus dimensiones naturales, aproximan al espectador al personaje representado y, a su vez, lo sitúa en un mundo ajeno, convirtiéndolos en intrusos de ese lugar quasi claustrofóbico.
Los dibujos nos muestran un camino abierto, de tal modo, que cada uno ve en su oscuridad lo que sus ojos entreven. Las piezas gráficas, dejan de ser tal, para trascender desde el plano del cuadro al espacio simultáneamente tetra-dimensional. En ellos el tiempo, roto, da paso a la eternidad, a lo atemporal, a la antesala de la finitud, a lo “in-mundo”, a la oscura presencia de lo ausente.


Aaron Lloyd